5 fantasías para avivar el deseo sexual y cómo llevarlas a cabo

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Escrito por nuestra sexóloga Arola Poch

Si te interesan los temas de sexualidad, es posible que hayas leído ya en más de una ocasión sobre la importancia de las fantasías eróticas. Porque las fantasías, sean del tipo que sean, hacen trabajar a nuestra mente y si son de contenido sexual, hacen trabajar a nuestra mente sexual, es decir, ayudan a que nuestro cerebro se mantenga activo y motivado en esos contenidos. Y el cerebro es el que manda, así que con él erotizado surgirá más fácilmente el deseo, la excitación, el placer… el sexo.

Hay personas que tienen muy claras sus fantasías eróticas. Otras que las estimulan leyendo literatura erótica, viendo películas, hablando con su pareja… o leyendo artículos como este. Así que con ánimo de dar ideas, estimular, ayudar o simplemente entretener, aquí van algunas fantasías eróticas y sugerencias, muy vívidas, de cómo se pueden llevar a cabo.

¡Átame!

Tu amante te mira con firmeza y te dice. “Túmbate en la cama”. Tú no lo sabías, pero él ya lo tenía todo planeado. Ha colocado bajo el colchón un conjunto de 4 brazaletes para sujetar muñecas y tobillos. Te dejas hacer, siempre has deseado vivir esa escena y él lo sabe. Sin poderte mover, desnudo, te sientes expuesto y disponible. Y eso te pone. Mucho. Él te mira con lujuria. A saber qué maldades (o bondades) se le pasan por la cabeza. No da pistas, simplemente dice: “empieza el juego”.

Los diamentes succionadores son el mejor amigo de una mujer

Cuando te dijo que iba a usar succionadores no imaginaste que acabarías con unos tubitos de plástico enganchados a tus pezones y a tu clítoris. “Efecto vacío”, te dijo, “se acumula más sangre y la zona se sensibiliza. Vas a ver.” Notas un ligero cosquilleo y cuando te los quita tus pezones se ven más hinchados. Te los rozas levemente y das un respingo. Están notablemente más sensibles. Visualmente también te gustan. Se ven más grandes. Y lo que notas en tu entrepierna suma un extra de excitación: tu clítoris bajo esos mismos efectos. A ti que siempre te había gustado que jugaran con tus pezones y tu clítoris, los reconoces tus puntos débiles, esta sensibilización te resulta maravillosa. “Gracias por regalármelos”, consigues decir, consciente de que se van a convertir en unos de tus mejores amigos.

Cena con mando a distancia

Hace un tiempo habíais comprado un huevo vibrador de esos con mando a distancia. Aún no habíais tenido oportunidad de usarlo, la rutina del día a día os ha podido. Pero esta noche, sí. Os habéis propuesto que sea diferente y  esa cápsula ovalada ha entrado en los planes. Salís a cenar y a tomar unas copas por ahí. Vas vestida normal, él también, y solo vosotros sabéis qué pasa realmente. Tú llevas el huevo vibrador y le has dado el poder en forma de discreto mando a distancia. De camino al restaurante ha probado el efecto. “Fácil de usar y silencioso. Veo que funciona”. Te estás poniendo a tono. Bueno, ya lo estabas antes solo de fantasear con la velada. Mientras cenáis va dando toques, como pequeños avisos, pero te permite disfrutar de la comida. Aunque ese momento continuado mientras hablabas con el camarero ha sido… buf… brutal. Ahora que vais al bar ya te avisa, con tono sugerente, que se va a animar el asunto. Las vibraciones de la entrepierna te animan pero la situación morbosa lo hace aún más. Tu excitación va en aumento, la suya también. La noche promete.

Vibraciones para los dos

Ella: Notas las vibraciones a la vez en tu clítoris y en tu vagina, sensación sublime y, por si eso fuera poco, él te va a penetrar. Vas a sentir su falo a la vez que las vibraciones. Solo de pensarlo ya te calienta.

Él: Verla tan excitada te pone a mil. La penetras y la estimulación física se une para acompañar a la mental. Notas la vagina más estrecha y la vibración golpea rítmicamente en tu miembro. El coito llevado a otra dimensión.

Pegging: hoy penetra ella

“¿Qué tal si cambiamos de roles, cariño? Hoy penetro yo.” Lo habíais hablado hacía tiempo, es algo que te apetece probar aunque te da un poco de miedo. Pero sabes que en el ano está el punto P, esa zona de mucho placer para los hombres. ¿He dicho miedo? Bah, prejuicios. Déjate llevar, disfruta y usa el lubricante. Además, qué morbazo tiene con el arnés puesto…

Arola Poch

Sexóloga

Arola Poch es psicóloga y sexóloga. Licenciada en Comunicación Audiovisual. Es experta en fetichismos y sexualidades no normativas. Imparte talleres de educación sexual para jóvenes y adultos, es profesora universitaria, tiene consulta de sexología y parejas. Cuenta con dos libros publicados “Las cosas claras” y “Lo normal es ser raro”. Colabora con frecuencia en medios de comunicación, entre otros, desde hace cinco años está semanalmente en Radio Nacional de España.

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